El 80% del sabor de un whisky proviene de la madera en que envejece. En el caso de The Macallan, esa madera tiene un origen muy específico: barricas de roble español que previamente contuvieron Oloroso de Jerez, el vino generoso de Andalucía.
El Oloroso deja en la madera azúcares residuales, taninos y compuestos aromáticos complejos. Cuando el destilado de Macallan descansa en esas barricas, absorbe esos compuestos y los transforma en las notas que los catadores describen consistentemente: uvas pasas, higos secos, frutos de árbol, jengibre, especias dulces, chocolate negro. Ningún otro Single Malt produce ese perfil con la consistencia y profundidad del Macallan Sherry Oak.