Los vinos de guarda son los candidatos ideales para la decantación. Los reserva son los que pueden presentar sedimentos, requiriendo una decantación lenta dejando caer el vino por las paredes del decantador durante dos a tres horas. Los grandes reservas, especialmente aquellos con más de siete años en botella, casi siempre se benefician de este ritual.
Los tintos jóvenes muy astringentes también encuentran redención en la decantación. Los vinos jóvenes con taninos marcados necesitan una oxigenación más viva y rápida para despertar esos aromas dormidos. Un vino de buena cepa, ya sea Carmenère o Cabernet Sauvignon, pueden transformarse dramáticamente tras veinte minutos de contacto con el oxígeno, suavizando su estructura tánica y revelando sus matices frutales.
Para ejecutar correctamente la decantación, la botella debe permanecer vertical durante 24 horas antes del proceso. Un decantador de cristal como el Spiegelau Lifestyle Decantador de Butiq, con su elegante silueta y base amplia, facilita este delicado intercambio entre vino y aire, permitiendo que cada gota encuentre su expresión plena.